La crisis de la polinización

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En los últimos años, organismos internacionales, entre ellos, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) han informado sobre la acelerada mortalidad de especies polinizadoras como las abejas.

Europa y Estados Unidos están entre las regiones más afectadas, en casos como el Medio Oriente la pérdida de abejas llega hasta el 80%. Aún se trabaja en la investigación de este fenómeno, pero la contaminación atmosférica, el uso de plaguicidas tóxicos y la disminución de flora son los principales sospechosos.

Además del desequilibrio ambiental que provoca la ausencia de polinizadores, los efectos económicos son altos, ya que el 75% de la vegetación mundial depende de la polinización de las abejas de acuerdo adatos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

México, por ejemplo, es el quinto productor de miel en el Mundo y el tercer exportador. La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) afirma que 40 mil personas dependen de la apicultura de las 2 millones de colmenas que existen en el país.

Además de la miel, alimentos como frijol, chile, tomate, jitomate, calabazas, ciruelas, mangos, manzanas, café, cacao, vainilla y almendro también dependen de la polinización ya que el 80% de las 250 mil plantas conocidas en el Planeta requieren de este acto para su reproducción.

La CONABIO afirma que la solución manual a la disminución de la polinización natural es incosteable ya que en México el 80% de las 171 de las especies de plantas que se cultivan para la alimentación requieren de la intervención de especies como las abejas, murciélagos, colibríes y mariposas para obtener la variedad de nutrientes necesarios para el consumo humano.

Es necesaria la protección de algunas especies, tal es el caso del murciélago magueyero, cuya ausencia reduce hasta un 3 mil% la producción de semillas para el agave.

Difundir información al respecto es clave para detener este problema. Se requiere concientizar a la población sobre el uso de plaguicidas permitidos que no afecten a las especies implicadas, pero sobre todo para desmitificar el estigma que muchas especies cargan.

Los murciélagos y abejas han sido severamente juzgados, los primeros, víctimas de mitos sobre la rabia y daño a ganados, las segundas por el miedo y temor a un piquete. Sin embargo, ambas especies son grandes servidores ambientales. Su conservación depende de la comprensión e investigación para asegurarles un hábitat saludable.

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