Mario Molina y el legado que hay que seguir

Earthgonomic_MarioMolina_capadeozonoMario Molina-Pasquel Enriquez dejó una gran huella y marcó un gran camino por recorrer, no solo en el ámbito científico. Nació el 19 de marzo de 1943 en la Ciudad de México, quien a corta edad, ya era un apasionado de la química. A los 11 años estudió alemán en el Institut auf dem Rosenberg, en Suiza, lo cual era una herramienta valiosa para el futuro de un químico. Unos años más tarde, ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde desarrolló y perfeccionó su pasión hacia el área que se deseaba, para graduarse en 1965 como Ingeniero Químico. Posteriormente obtuvo un Posgrado en la Universidad de Friburgo (Alemania)  y un Doctorado como Físico Químico, estudiando Dinámica Molecular, en la Universidad de California, Berkeley (Estados Unidos).

Para 1973, Mario Molina fue invitado por el profesor de química F. Sherwood Rowland, en la Universidad de California en Irvine, a participar en la investigación sobre los compuestos Clorofluorocarbonos (CFC), los cuales se encuentran ubicados en la industria de aerosoles y refrigeración. En ese tiempo, se sospechaba sobre las afectaciones que el CFC podría provocar a la atmósfera. Sin embargo, después de que Molina realizó su exhaustiva investigación, descartó la teoría de que los CFC se desintegraran en la atmósfera con la ayuda de los rayos UV. Lo que encontró fue que estos compuestos, expuestos a la luz solar, producen grandes cantidades de átomos de Cloro que perforan en gran magnitud la capa de ozono. 

¿Cuáles son las consecuencias de seguir produciendo CFC en mayor cantidad? Con el tiempo, la filtración mayor de los rayos UV en la capa de ozono perforada, puede provocar daños severos en los humanos como cáncer de piel y cataratas, entre otros trastornos. Afectaciones en las producciones agrícolas y los microorganismos vegetales, como el fitoplancton marino que sirve como alimento para las especies subacuáticas.  

“Los Clorofluorometanos se están añadiendo al ambiente en cantidades cada vez mayores. Estos compuestos son químicamente inertes y pueden permanecer en la atmósfera 40-150 años y se pueden esperar que las concentraciones alcancen 10 a 30 veces los niveles actuales. La fotodisociación de los Clorofluorometanos en la estratosfera produce cantidades significativas de átomos de cloro y conduce la destrucción del ozono atmosférico.”- Publicado por Mario Molina y F. Sherwood Rowland en la revista Nature. 

En 1985 se detectó el agujero en la Capa de Ozono Antártico, lo que demostró que la teoría de Molina era completamente acertada. Su investigación provocó la firma de la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal, los cuales hasta hoy, regulan las emisiones de CFC. Finalmente en 1995 Mario Molina, Sherwood Rowland y Paul Crutzen obtuvieron el premio nobel de química, debido a su gran aportación a la ciencia que generó un cambio global. 

¿Imaginas un mundo en donde exponerte cinco minutos a la luz del sol sea nocivo y sobre todo, peligroso para todos los seres vivos que habitamos el planeta Tierra? gracias a su investigación, esto puede controlarse y reducir el impacto en la sociedad. 

Un adecuado manejo de los recursos, y reducir la contaminación, emisión de gases, reducción de productos en aerosol y poca generación de residuos, son la clave para ejercer con éxito el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 “Ciudades y Comunidades Sostenibles”, ya que las urbes son la principal fuente de gases de efecto invernadero que también intervienen en la perforación de la capa de Ozono.  

Combatir el cambio climático con las enseñanzas que Mario Molina dejó es posible. Actualmente existen distintos programas que persiguen metas individuales; pero con un objetivo colectivo: la sostenibilidad. Asimismo, en Earthgonomic México contamos con programas de responsabilidad ambiental, que cumplen los parámetros para formar comunidades sostenibles que generen el cambio del mañana… y solo faltas tú. 

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