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En México, un eje central del crecimiento económico y social es la familia, por ello múltiples programas de desarrollo se enfocan en atender las necesidades de estos núcleos. Dentro de ellos existe una figura que suele ser el centro o eje de vinculación: la mujer. La figura femenina se ha consolidado como una fuente económica sólida y estable, que brinda seguridad a su familia y les provee las oportunidades de desarrollo e integración dentro de la sociedad. 


Si bien es cierto que hasta hace pocos años el papel de las mujeres solía centrarse en administrar los gastos referentes al hogar y la familia, afortunadamente ya se reconoce su papel activo dentro de la vida laboral, en condiciones más igualatorias en oportunidades y salarios competitivos como los del sexo masculino. Sin embargo, aún permanece un grupo descuidado y marginado que no ha logrado acceder a estas nuevas oportunidades: las mujeres rurales.


Las mujeres rurales trabajan siempre a favor de su familia y a pesar de las carencias con las que luchan día a día estas mujeres y madres son un ejemplo a seguir, ya que educan a su familia para vivir en armonía con la naturaleza y respetar los ecosistemas.


La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce la importancia de su papel en el desarrollo de los países y el gran reto que les significa el acceso a créditos, asistencia sanitaria y educación. En gran medida el desarrollo de las mujeres rurales y sus familias depende directamente de la conservación y labor a favor del medio ambiente, ya que su estilo de vida se centra en el aprovechamiento de los recursos naturales de autoconsumo para su vestimenta, alimento y fuente de trabajo través de la explotación económica de la materia prima que ofrece el medio ambiente. 


Las alteraciones climáticas y deterioro ambiental repercuten directamente en la crisis económica y alimentaria de estas familias rurales, especialmente en aquellos sitios donde las mujeres han pasado a ocupar el papel principal como proveedoras. Una mujer en estas zonas trabaja aproximadamente 80 horas semanales, recibe ingresos mínimos y suele permanecer en un estado de pobreza.


Con motivo del Día Internacional de la Mujer Rural el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señaló que en México 14 millones de mujeres viven en zonas rurales, principalmente en los Estados de Oaxaca, Chiapas, Hidalgo, Tabasco, Guerrero y Zacatecas. Asimismo destaca la importancia de la educación para ellas, ya que 1 de cada 5 mujeres rurales es analfabeta y 6 de cada 10 se encuentra en algún tipo de pobreza debido a su falta de conocimientos para acceder a mejores oportunidades laborales. 


Es importante comprender la relación directa entre las acciones de la sociedad que afectan al medio ambiente y como éstas repercuten en el desarrollo y calidad de vida de todas aquellas mujeres que depende del medio ambiente para sacar adelante a sus familias. Por ello, estas zonas han comenzado a ser más cuidadosas con sus recursos, viven de una manera sustentable aprovechando las oportunidades de crecimiento que esta práctica les ofrece.


Durante este mes tan enfocado a los programas femeninos, debemos tomar un momento para reconocer el esfuerzo, dedicación y fuerza que tienen las mujeres de las diferentes comunidades rurales del país, madres, esposas e hijas que trabajan diariamente por un mejor futuro.